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Muerto en vida

Muerto en vida

La fe sin trabajo es la muerte. Esta enseñanza bíblica se refiere a una muerte espiritual cuando llevamos a cabo una labor de servicio o ayuda sin tener fe en lo que se está haciendo. Todo acto debe de llevar una buena intención, de lo contrario, dicha acción no se concretará o se salará. Usualmente, este servicio resulta ser equivalente a nuestro trabajo, ya que se convierte en nuestra única forma de sustento y apoyo para nuestras familiar. En nuestro país, se acostumbra a que el hombre sea el encargado de llevar a cabo esta labor, haciendo que esta sea más como una costumbre cultural. Estas acciones que se han grabado en nuestra cultura han logrado que se distorsione la percepción de lo que un hombre debe de ser, confundiendo la masculinidad con el machismo.

Esta percepción errónea de lo que significa ser un hombre ha provocado que este sexo tenga las tasas más altas del país de suicidio y de enfermedad mental no tratada. El dicho que “los hombres no deben llorar", ha impedido que muchos varones no puedan expresar todos sus sentimientos de forma saludable. Este impedimento evita que su energía no fluya de forma adecuada, impidiendo su crecimiento personal. Aquel peso mental usualmente evita que el hombre pueda disfrutar de su vida, incluyendo el aspecto laboral.

La expresión “muerto en vida” se refiere al estado mental y energético donde una persona ya no disfruta de su vida. Simplemente existe en este mundo sin interactuar o disfrutar de sus interacciones diarias. La necesidad usualmente nos lleva a tomar trabajos que no queremos o interactuar con personas con las que no nos sentimos cómodos conviviendo. Todos estos factores hacen que le perdamos el gusto a llevar a cabo nuestras labores diarias. Esta pérdida de intención provoca que nuestra labor y compromiso con nuestra familia se pierda y resulte también en una muerte espiritual. Estos factores son los que condicionan que las familias sean propensas a tener problemas tanto personales como económicos.

Todas estas carencias son las que nublan nuestra visión y nos impiden ver las bendiciones que tenemos. Es entendible que optemos por enfocarnos en lo que nos falta y no agradecer por lo que hay en nuestra vida. Esta falta de gratitud nos condiciona a un desgaste energético, provocando que nosotros no podamos atraer todas las vibras y energías positivas que nos corresponden. ¿Qué es lo que podemos hacer al respecto? 

Una de las soluciones a esta muerte en vida es darle sentido a la vida. Al vivir en una sociedad donde se valora más el dinero que la propia familia, nosotros debemos de recordar que esta institución es el bloque fundamental de la sociedad. Tomar refugio en nuestro hogar es una parte fundamental para poder vivir la vida. A pesar de “vivir” en el trabajo, al final del día siempre regresamos a nuestro hogar, es ahí donde podemos recordar las bendiciones que se nos han otorgado. Al ver a nuestra familia, podemos recordar el motivo por el cual nosotros vamos al trabajo: porque estamos al servicio de nuestra familia. Ese acto divino de servicio hacia los demás es una demostración del amor puro de Dios. Basta con ver a nuestra familia para recordar que este sacrificio vale la pena.

En muchas ocasiones, somos nosotros mismos quienes nos detenemos para poder tener una mejor vida, sobre todo cuando no hay un respaldo en el núcleo familiar. Muchas veces existe una falta afectiva, lo que propicia un desgaste mayor, sin embargo, debemos recordar que para poder querer o amar a alguien más, nos debemos de amar a nosotros mismos primero. La falta de amor propio, provoca que nos descuidemos y nos hace más propensos a alcanzar una muerte en vida. Ese descuido hace que tomemos empleos indeseados o nos juntemos con la gente equivocada, hundiéndonos más en depresión y obstruyendo nuestra visión de lo que es sano para nosotros. En este caso, nuestro motivante para salir adelante debe de ser el crecimiento propio. Sabemos que de amor no se vive ni se come, pero por amor propio y amor a la familia, se puede hacer lo necesario para poder vivir y subsistir.

Culturalmente, mucha gente abraza el machismo y lo confunde con la masculinidad. El ser hombre no te exenta de enfermase, sentirse cansado o simplemente amarse a sí mismo. Está completamente estigmatizado el pedir ayuda de cualquier tipo si eres hombre; desde pedir direcciones hasta buscar ayuda psicológica. Usualmente, este género es quien carga con ser proveedor para su familia, haciéndolos más propensos a morir en vida. Es importante recalcar que el pedir ayuda no te hace más hombre, de la misma forma que no resta masculinidad el cuidarse a sí mismo. Tú sabes que es lo que necesitas, y solo tú te puedes ayudar por tus propios medios o con la ayuda de alguien más.

La rutina puede ser abrumadora y acompañarse de tristeza o malos tragos. Lo que importa es saber cómo sobrellevar estos problemas y recordar que todo siempre puede ser mejor. Tenemos el poder de atraer la energía que somos, por lo que siempre debemos llevar nuestro espíritu de abundancia y encomendarnos a la Divina Providencia para transformar nuestro entorno en algo que nos traiga vida. El único memento de nuestra muerte debería ser cuando trascendamos espiritualmente y abandonemos nuestro cuerpo terrenal, no debemos morir en vida. La vida agarra el sentido que tú le quieras dar, por lo que siempre debemos buscar el crecer y mejorar siempre. 

-Diego Emilio Ruiz

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