DE MEXICANISMOS Y CUBANISMOS (O DE LAS TRIBULACIONES DE UN CUBANO EN MÉXICO) PTE I.
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DE MEXICANISMOS Y CUBANISMOS (O DE LAS TRIBULACIONES DE UN CUBANO EN MÉXICO) PTE I.

Columnista: Mtro. Luis Ángel Argüelles Espinosa

*habaneropoblano@gmail.com* 

“El castellano hablado anda por la calle, en cambio, al castellano escrito lo tienen preso desde hace varios siglos en ese cuartel de policía del idioma que es la Academia de la Lengua”.

“El español tendrá el destino del latín: ser madre de idiomas”.

(Gabriel García Márquez)

Sabido es que en la América hispana se habla la lengua castellana, por lo que, al parecer, no debe existir problemas en la comunicación. En realidad, no es así, pues cada país hispanoamericano tiene sus regionalismos, expresiones idiomáticas, el significado de sus propias palabras, formas de pronunciación, lo cual puede causar confusión en el hispano parlante que llega a otro país distinto del suyo e, incluso, ser motivo de burlas e imitaciones insultantes. El español que se habla en México es muy diferente del que se habla en otro país

En mi caso personal, oriundo de Cuba, los problemas relacionados con la lengua en México (el país de adopción) se pueden dividir en dos grandes tipos: uno, vinculado tanto con la velocidad o rapidez con que hablo como con la forma de pronunciar las palabras; dos, con el significado de las palabras. Sin dudas, las dos cuestiones son problemas básicamente socioculturales y no personales. Acaso tenga que aceptar el hecho de que los cubanos –como se dice de los andaluces– hablamos el idioma sin sus complicaciones técnicas: no respetamos la gramática.

Por esta razón, algunos mexicanos me han llamado la atención en cuanto a la manera tan rápida de cómo hablo y la forma de articular las palabras, pues me dicen que no se me entiende nada. Al principio, me sentía confundido y hasta molesto. A veces, en la forma de cómo te lo manifiestan uno puede sentirse ofendido, pero como he llegado a entender que, muchas veces, no existen ofensas, sino personas ofendidas y que, sobre todo, depende de tu habilidad para salir de situaciones embarazosas. En mi caso, me ha funcionado el sentido del humor (que siempre sirve para deshacer conflictos). Por ejemplo, cuando me preguntan por qué los cubanos se “comen” las “s” y la “r” (decimos “do peso” en lugar de “dos pesos” y “tlanquilo” en lugar de “tranquilo”) normalmente les respondo de que existe una “poderosa razón histórica y económica” para esto: sencillamente “porque algo hay que comer”. A veces continúo burlándome de mí mismo expresando que soy un fervoroso devoto del número cinco, por aquello de que “sin comer no se puede vivir”, dicho muy popular en Cuba entre los jugadores del dominó, ya que cada número tiene su frase específica. De esta forma, me libero del problema.

Cada país tiene su particular forma de hablar. Incluso dentro de cada nación existen regiones o zonas que se diferencian lingüísticamente unas de otras. En Cuba existe una notable diferencia entre el occidente (donde se ubica La Habana) y el oriente (donde se halla Santiago de Cuba). En México existen diferencias entre el norte, centro y el sur del país. Una de las características comunicacionales de los cubanos es que varios pueden hablar, gritando fuerte, al mismo tiempo sin estar enojados y todos logran entenderse. Ninguno espera a que se les dé la palabra, la toman sin pedir permiso, acaso porque entienden que la palabra es un derecho fundamental que no debe mendigarse sino, simplemente, arrebatarse. He estado en reuniones con amigos cubanos y he observado que las pocas mexicanas que allí se encuentran se muestran muy nerviosas y hasta han pedido por favor que hablen más bajo y que no todos hablen a la vez. Al principio, se atiende la demanda; poco después se cae en lo mismo, pues no se puede ir contra natura.

He llegado a la conclusión de que el lenguaje y la política tienen una cosa en común: lo que funciona en la vida cotidiana son las reglas no escritas, Los académicos de las reales academias de la lengua y los legisladores en el congreso hacen sus preceptos y normativas para los ciudadanos, pero estos no la cumplen como los primeros esperan y, sobre todo, inventan formas de comunicarse y actuar que no están contempladas en los ordenamientos institucionales. Al menos, en el mundo hispánico, el incumplimiento es proverbial. Un viejo refrán español (originado en la Edad Media) sostiene que “allá van leyes, donde quieren los reyes”. Luego, leyes “a la española” traen incumplimientos “a la española”.

A continuación, y apoyándome en mi experiencial, me referiré a los problemas confrontados con el lenguaje popular de los mexicanos (comparándolo siempre que sea posible con el habla los cubanos). Para ello divido el presente texto en los siguientes cuatro grupos de palabras.

Espera la Parte II el siguiente viernes por OM Radio...

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