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Y llegó el día...

Un día fui sorprendido en la adolescencia por el peso de una vida genéticamente estructurada, hecha y establecida para mí, sin que yo tuviera más opción que confrontarla y vivirla tal cual se me presentó, ahí sin saberlo el juego de la vida me había puesto contra la pared e interrumpió mi proceso rebelde y testarudo para darle paso a una vida completamente distinta, donde tenía que experimentar por primera vez el sabor amargo de trabajar para poder subsistir y llevar comida a casa. No sería el primero ni el último, eso lo sé de sobra, el detalle fue que la vida de adulto me envolvió en su círculo tenebroso e ignorante y caí en la dulce caricia de los excesos, abriendo los brazos a un sistema hambriento por mi sed de ira y resentimiento, un sistema que me otorgó las herramientas perfectas para que no desistiera y continuara perdido en mi oscuridad, y ahí, ciego, sordo y sin decir palabra, continué hundiéndome, encontrándome con personas y situaciones que me atrevo a decir, más de una vez, me mostraban un camino que se divisaba una luz a lo lejos, sin embargo yo estaba muy en lo profundo y embelesado por la única vida que yo creía conocer, no podía darle los brazos nuevamente a quien según yo, me había traicionado y dejado en el callejón de mi oscurantismo.

Viviendo en el ruido de la noche y siendo presa de mi soledad, mi embustera   adultez me continuaba jugando malas pasadas, ahora tenía que enfrentarme por decisión propia, al desconcierto de tener cada día que compartir mi vida, pero eso no fue suficiente para que se diera  por vencida mi insistente pasión por una vida desenfrenada y llena de excesos, disfrazados claro de complacer y disfrutar la vida, besando en cada una de esas noches, de ser posible, a unos labios que me deleitaran y me acobijaran en la fría noche, intentando en cada momento deshacerme de la triste soledad, que sin darme cuenta, iba creciendo momento a momento, siendo alimentada por mi desmedida ambición por lograr tener una vida llena de riquezas materiales, mi enfoque de vida se centraba en complacer todos mis placeres mentales en complicidad con mi físico. Todo ello sucedió en un tiempo en que en las escrituras de mi alma parecían no tener presencia alguna en mi vida, yo era sordo ante lo que me pudiera gritar el alma pues todo lo convertía a propio interés sin poder contener mis bajas pasiones, aunado esto, no sólo tenía la aceptación de quienes decían amarme, también se convertían en mis compinches y me celebraban  con algarabía todas mis conquistas y desmanes. Pareciera que ante los ojos del universo yo estaba experimentando una serie de vivencias y que todo tendría un fin, sin embargo el flagelarme, el poco amor propio, la inseguridad y el miedo se convirtieron en  enemigos sigilosos y se camuflaron mostrándose como mis mejores aliados, los cuales aparentaban darme lo que yo demandaba, siendo tan astutos que yo incluso me debía mostrar agradecido, es una pena el no tener soberanía alguna sobre uno mismo, el que te comande un sistema a través de un control remoto no impera ningún inconveniente hasta que te das cuenta de su fría y cruel manipulación, entonces un buen día sin esperar nada, el tan esperado llamado del universo, comienza…, y en efecto, es cuando  realizas que quizás todas esas duras, extrañas, tristes, molestas y placenteras vivencias, eran el medio para llegar hasta donde ahora estoy sentado.

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