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Sobrepeso y envenenamiento

Una temática recurrente en los clientes de Biodescodificación es sin duda el sobrepeso.
El sobrepeso en sí mismo y bajo los preceptos de ésta fabulosa metodología, obedece siempre a una emoción de DESPROTECCIÓN. A un interés inconsciente de protegerse de amenazas, miedos, etc.

“Me protejo de…”

Y las historias pueden variar por mucho porque yo puedo estarme protegiendo de alguna amenaza real como que alguien me abandone por ejemplo.
Puedo estarme protegiendo de una madre o un padre muy duros, muy fríos o muy lejanos.
Puedo estarme protegiendo de una pareja que quiera más hijos mientras que yo por ahora o para siempre, no deseo embarazarme.
Puedo estarme protegiendo de ese familiar que abusó de mí, ese padre o ese tío o ese vecino, porque quiero parecer menos atractiva sexualmente hablando.
Puedo estarme protegiendo de esos hombres que me engañan, me abandonan o me rompen el corazón.
Puedo haber decidido si soy madre soltera, protegerme de parecer atractiva para otra persona y dedicarme únicamente en mi hijo o hijos y en mi trabajo.
Puedo haber decidido ya no parecer atractiva para otros hombres solteros y hacerles notar con mi peso, que soy una mujer casada, seria y que ya no cuentan conmigo como posibilidad.
Me protejo de mi miedo a ser una mala madre, de mi miedo a que mi esposo me vea débil, y quedo con sobrepeso luego de cada parto.

Puedo estarme protegiendo de mil cosas y para ello yo engordo. Para parecer más fuerte, para parecer más segura, para parecer más grande, para sentirme acompañada, etc.

Pero en los últimos años, y debido a los nuevos sistemas alimentarios mundiales, se comienza a considerar que una gran cantidad de clientes con sobrepeso ya no pueden tan sólo ser Biodescodificados basándonos en historias familiares, programas heredados del árbol genealógico o miedos y necesidad de protección.
Los alimentos de hoy ya funcionan más como “venenos” y como todos ya sabemos, los envenenamientos son un aspecto de la vida que no cubre la Biodescodificación.
Y es por ello, que hoy por hoy, es cada vez más difícil mantener un consciente peso estable o correcto.

Cada vez es más difícil lograr que sólo con la Biodescodificación, se logre una notable reducción de peso.

Hoy por hoy, la gran mayoría de los alimentos que consumimos todos los que conformamos la población mundial, contienen químicos adicionados que resultan “venenos” para el organismo humano. Incluso estamos hablando ya de frutos y vegetales, bañados en plaguicidas.

Los alimentos procesados, contienen un gran porcentaje de conservadores, intensificadores de sabor y hasta una simple mantequilla de maní o cacahuate, contiene espinas de pescado en su formulación para lograr esa “consistencia” que tanto nos encanta.

Frutos y vegetales que permanecen hasta años congelados para que los supermercados tengan existencias todo el año.

Es tanta la necesidad de cubrir las necesidades alimenticias de la población mundial, que la mayoría de las empresas alimentarias se las ingenia para conseguir que una simple mazorca de maíz sea más grande, no se pudra, rinda el doble o el triple, etc.

Nosotros, como seres humanos, que dependemos de que “otros” nos alimenten, nos vemos en la necesidad de tomar conciencia de todo esto, para analizar nuestro sobrepeso también, desde la perspectiva del envenenamiento, porque si por un lado nos estamos protegiendo de algo o de alguien y sólo nos quedamos en esa idea, sin cambiar nuestra alimentación, será muy difícil combatirlo.
Pocas son las personas, que al día de hoy, como lo que produce su pedacito de tierra, cosecha lo que se come o ingiere la carne de sus animalitos.

Todo lo que es carne en supermercados, contiene antibióticos.
Todo el pollo de supermercados o de marcas comerciales, contiene hormonas de crecimiento y es inflado con agua salina para “parecer” más grande.
Todo lo que son atunes y pescados, tienen más de 10 años contaminados por la fuga en Fukushima. Y por supuesto, nadie o ningún medio de comunicación nos lo va a decir, y cuando ya por fin nos demos cuenta, pues seguramente ya estaremos enfermos.

¿Y dónde compramos la mayoría de nuestros alimentos?
¿En el mercadito del pueblito alejado? No! Lo hacemos en los supermercados, lo hacemos a las grandes compañías, sin percatarnos de que todo eso que actualmente comemos, sí son productos tóxicos que poco a poco van dañando nuestra salud.

Y cualquiera diría, voy a comer desde hoy sólo frutas y vegetales y dejaré de lado todos los alimentos procesados. Bien. Pero, ¿quién nos asegura que esa lechuga, que ese tomate que compré en el tianguis de mi cuadra no están bañado con plaguicida?
Miles de toneladas de nopales, vendidos en México y exportados al extranjero como producto orgánico, no lo es, está bañado con insecticida, porque de no bañarlos en químicos, éstos se pudren a la primera oportunidad. 

Y entonces, el sobrepeso, ya no sólo es una emoción de “tengo que protegerme”, sino que se transforma en una emoción mezclada con todo lo que comí hoy. Y la manera en que mi cuerpo ya no puede tanto tóxico.

Y algunos dirán, sí, pero el porcentaje de tóxicos es mínimo.
Remontémonos hacia el pasado, tan sólo unos 50 años, no había tanto sobrepeso en el mundo y eso sin contar que ya desde siempre las emociones de desprotección estaban presentes.
La leche era leche, el aceite era aceite, y los corn flakes eran de maíz entero.
Eso ya no existe.

Ahora todo son derivados, reutilización de cáscaras, huesos, semillas.
Químicos y más químicos que dan un sabor a limón.
Químicos y más químicos que dan un sabor a pollo.

Por lo tanto, hoy por hoy, el sobrepeso no puede ser tan sólo revisado con un árbol genealógico, es imposible. Debe ser un trabajo combinado de Biodescodificación con una realidad que difícilmente podemos ignorar.

¿Entonces qué como?
Y he aquí el principal conflicto, porque aún tomando conciencia de que ya no tengo nada de qué protegerme, ahora deberé hacer cambios en mi dieta, dejar de comer alimentos procesados, investigar de dónde proviene mi pollo o ese bistec que acabo de comerme.
Revisar qué tipo de fruta o vegetales como.
Ahora, además de un cambio en mis emociones, deberé revisar lo que compro para comer.

Ya desde hace más 10 años, muchas personas que tomaron la iniciativa de comer una pechuguita de pollo con verduras al vapor a diario, engordaron casi 10 kilos en menos de un año.
¿Por qué? 
Porque ya para esos años, toda la producción mundial de pollo contenía hormonas de crecimiento.
Y el único pollo seguro, era ese pollito creciendo en el patio de la abuelita que vive en la punta del cerro aquel, ese pollito que se alimentó con maíz y agua limpia.

En los supermercados, y revísenlo, la mayoría de los productos dicen en sus ingredientes:
“con sabor a”, lo que quiere decir que todo aquello que nos venden como derivado del chocolate, no lo tiene, con sabor a fresa, no la tiene. Son químicos sobre químicos.

¿Cómo vamos a comparar a un abuelo de los años 20´s que comía carne, frutas, vegetales, pan y tortillas de maíz o de trigo y que a todo le echaba azúcar con una abuela de hoy que come carne con hormonas, vegetales con plaguicidas, pan con gluten, tortillas con maíz transgénico y azúcar refinada? 

No podemos cerrarnos aunque seamos Biodescodificadores, a la realidad que estamos viviendo hoy en día, porque por mucho que una emoción me haga acumular grasa para PROTEGERME, desgraciadamente hay una alimentación real y tóxica que suma negativamente sobre nosotros.

Analiza lo que comes, analiza lo que compras y valora conscientemente la urgencia de modificar tu alimentación, porque no podemos estancarnos en la idea de que TODO ES EMOCIÓN, cuando nuestro entorno ya está repleto de venenos ante los cuáles no podemos hacer nada más que evitarlos conscientemente.

Así las cosas….

Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco.

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