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Dieta del Alma

Quizás, en algún momento del pasado, decidieras perder esos kilos de más a toda costa. Es posible que hayas hecho de todo, desde dietas extraordinarias hasta proezas sobrehumanas en materia de ejercicio, sólo para acabar descubriendo que, por alguna misteriosa razón, eras incapaz de mantener la pérdida durante mucho tiempo. Aunque hayas conseguido cambiar de hábitos durante cierto periodo, no has experimentado aún la transformación profunda que es necesaria para resolver tu problema de peso de una vez por todas.

Tal vez atines a modificar tu pensamiento consciente por ti misma, pero no podrás cambiar tu inconsciente sin ayuda externa. Y a menos que tu mente inconsciente se implique a fondo en tus esfuerzos por adelgazar, ésta acabará por hallar el modo de recuperar los kilos perdidos, hagas lo que hagas.

Sólo el espíritu posee la capacidad de reprogramar tanto tu mente consciente como la inconsciente de forma constructiva y permanente.

La curación holística de cualquier dolencia requiere aplicar las fuerzas internas y externas por un igual, y la tendencia a comer compulsivamente no es distinta. Este curso es un plan estructurado en lecciones que busca armonizar tu pensamiento con los preceptos espirituales capaces de liberarte.

Los principios que sostienen las lecciones que vas a leer no son complicados, pero sí distintos a tu línea de pensamiento habitual. Son los siguientes:

1. Tu cuerpo es absolutamente neutral. No provoca nada; es un efecto, no una causa.

2. Ni una alimentación deficiente ni la falta de ejercicio han provocado tus kilos de más. La mente es la causa; el cuerpo, el efecto. El origen del exceso de peso hay que buscarlo en la mente.

3. Lo que te hace engordar es el miedo, entendido como una región de tu psique donde el amor está bloqueado.

4. El temor se expresa a través de impulsos inconscientes, los cuales se manifiestan a su vez como hábitos alimentarios deficientes y/o resistencia a hacer ejercicio. La consecuencia final de todo ello (es decir, el exceso de peso) sólo desaparecerá cuando erradiques el propio miedo.

La Dieta del Alma

Tal vez te cueste creer que tus problemas de peso nacen del temor, pero así es. A medida que tu mente vaya dejando atrás el miedo, tu cuerpo se librará de la grasa excesiva. La transformación mental que se produce cuando sustituyes el pánico por amor es milagrosa: la reprogramación de tu conciencia en un plano causal con el fin de liberar las posibilidades del cuerpo para sustituir la disfunción por curación. Este curso no aborda tu relación con la comida sino tu relación con el amor. El amor es el auténtico sanador. Y los milagros ocurren de forma natural en su presencia.

Fue el amor quien te creó y él es quien te sustenta. El amor constituye tanto tu vínculo con la auténtica realidad como tu sintonización con la energía positiva del universo. En esa verdad divina —el hecho de que tú eres amor— radica la clave de la sanación, pues tu relación con la comida delata que cierta zona de tu sistema nervioso ha olvidado su inteligencia suprema. A medida que recuerdes tu verdad esencial, las células de tu cuerpo recordarán la suya.

El cuerpo posee una inteligencia natural para crear y mantener el peso ideal, siempre que la mente funcione en consonancia con su propia perfección.

Tu peso perfecto viene grabado en los códigos de tu verdadero yo, al igual que cualquier otro aspecto de tu perfección. Tu yo real sabe exactamente cómo habitar el cuerpo de la forma más sana y feliz posible, y lo hará por instinto en cuanto restablezcas el contacto consciente con tu realidad espiritual. Al regresar a tu verdadero yo, descubrirás una región donde todos tus problemas de peso han desaparecido.

La restitución del vínculo con la realidad espiritual se consigue gracias a una fuerza que llamaremos la Mente Divina. Es un don de Dios, que te devolverá la cordura cada vez que apeles a ella. Tu compulsión es una región mental en la cual, ofuscada en el plano espiritual, enloqueces temporalmente, aunque sólo sea por un minuto; justo lo suficiente para abrir la bolsa de patatas fritas que desencadena tu voracidad. Obnubilado, tu pensamiento se confunde y eres incapaz de decir «no» cuando algo verdaderamente contrario a tu bienestar se hace pasar por un amigo que te quiere y te apoya. La Mente

Divina contrarresta esa locura temporal; en momentos de oscuridad espiritual, te recuerda quién eres.

La conciencia de la raza humana está dominada por el miedo, que ha adoptado en tu vida un patrón de conducta en particular: la tendencia a comer compulsivamente.

El poder del amor es perfecto, creativo, ordenado, sano, sanador y abundante. El poder del miedo, en cambio, es perjudicial, destructivo, violento, pernicioso para la salud y yermo. Se expresa como un impostor, pervierte tu verdadera naturaleza y te hace comportarte de un modo del todo opuesto a tu verdadero yo. Subestimar el poder de cualquiera de estas dos fuerzas constituye una actitud espiritualmente inmadura. Ambas son activas, y las dos tienen los ojos puestos en ti. Una busca tu bien, y la otra desea tu muerte.

Cuando las fuerzas del inconsciente empujan a una persona a adoptar una conducta autodestructiva de la cual la mente consciente posee escaso o nulo control, hablamos de adicción. La adicción es un comportamiento autogenerado sobre el cual las meras respuestas psicológicas autogeneradas no ejercen ningún dominio; si no eres capaz de controlarte a ti misma, eres adicta.

Consiste en una suerte de locura que se apodera de ti y te incita a hacer (o a no hacer) lo que quiera que sea que arruine tus esfuerzos y, una vez más, te destroza la vida, te arrebata la felicidad y te hunde en la desesperación al ver cómo se ha degradado tu existencia. Sufrir una adicción es como vivir a merced de una bruja malvada que te controla el cerebro y te manipula para empujarte a destruirte a ti misma, mientras observa jocosa cómo tú te retuerces de angustia.

Sólo tú puedes saber si eres o no adicta a determinado alimento. Todo adicto come compulsivamente, pero no todo aquel que lo hace es un adicto.

Los principios expuestos en este libro resultarán de utilidad tanto para los unos como para los otros.

El amor que te va a liberar procede de más allá de tu mente mortal, como una intercesión divina que emana de una forma de pensamiento superior al tuyo. Cuando dejes tus problemas en manos de Dios, Él recreará la situación que los originó en un comienzo, y aquello que era imperfecto se volverá perfecto.

Este curso no versa sobre la comida sino sobre la espiritualidad, sobre la búsqueda de un poder mayor que el tuyo. No trata de tu adicción sino de fuerzas mucho más poderosas. Nuestro objetivo no es analizar tus zonas oscuras sino guiarte hacia una luz que está lista para abrirse desde tu prisión interior.

El espíritu del miedo es lo inverso del amor o, si lo prefieres, tu propia energía mental puesta a trabajar contra ti. ¿Alguna vez te has sorprendido a ti misma diciendo justo lo contrario de lo que sentías en realidad? Incluso cuando realizamos actos de odio contra nosotros mismos, la mente es tan ladina como para convencernos de que actuamos por amor. «Voy a comerme unas galletas para consolarme.» «Me zamparé un bocadillo porque me nutre emocionalmente.» No sólo tu mente, también tu cuerpo puede enloquecer. La compulsión y la adicción dejan temporalmente inoperante el motor que alienta la vida tanto en la mente como en el cuerpo. No estás librando una batalla que la razón pueda ganar.

De modo que hazte esta pregunta: ¿estás dispuesta, si bien por un momento, a considerar la posibilidad de que Dios sea más fuerte que tu locura? Si tienes la sensación de que no posees la fuerza de voluntad necesaria como para dejar de luchar contra ti misma —y de que si no ganas la guerra podrías acabar muriendo—, concédete la oportunidad ile albergar esperanzas y no te niegues la ocasión de sentir, apenas un instante, que la ayuda que tantas veces has suplicado ha llegado al fin.

No estarías leyendo este libro si no hubieras alcanzado ya esa postura. A veces uno debe admitir la oscuridad que reina en su interior, y otras hay que abrir paso a la luz. Desde el prisma más trascendente, no es la obsesión por la comida lo que debes reconocer. En lo más hondo, es el recuerdo de la luz divina lo que debes aceptar por encima de todo; el rayo de Dios, que mora en tu interior para traerte sus dones; la solución a todos los problemas, incluido éste.

Dios querido,

Te ruego que me libres

De falsos apetitos

Y que alejes de mí tanto sufrimiento.

Libérame de mi yo compulsivo

Y muéstrame quién soy en realidad.

Dios mío,

Te ruego que me concedas un nuevo comienzo.

Abre mi corazón

Para que pueda vivir

En libertad al fin.

Amén

Extracto del libro:

Dieta del alma

De: Marianne Williamson

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